Obertura

Este relato participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2021 organizado por De aquí y de allá by TanitBenNajash

Este relato es cortito y muy simple pero es también muy mío. Tengo que admitir que no me gusta escribir sobre mi y ya vi que algunos prompts por ese lado van pero tal vez haga un poquito de trampa, porque aunque no lo parezca este relato también es personal.



Yo no contaba historias. Mi anhelo iba más allá de narrar las tragicomedias del mundo. El sueño frágil que nació en mi me decía que un día yo sería la historia. El destino maldito entonces se clavó en mi espalda. Era cierto, un día fui la historia… pero esos días terminaron.
¡Hoy solo acérquense a mi! Escuchen al errante, aprendan de sus errores, y disfruten del relato que voy a contarles.

Hace mucho, mucho tiempo...

Vivía un pescador. Uno como tantos. No tenía nada especial, le gustaba su vida tranquila y pacífica a la orilla del océano. Pero yo sé que no están aquí para escuchar sobre un hombre que hace negocios con peces ¿verdad? No, ustedes quieren oír acerca del día en que una terrible tormenta cayó sobre la pobre barcaza del pescador.
Las olas azotaban con fuerzas de gigantes ancestrales y la espuma embravecida lo cubría de pies a cabeza. Las redes se habían perdido en el fondo del mar y temió que pronto les haría compañía. Se encomendó a los dioses, orando por su protección justo cuando el cielo se cerró oscureciéndolo todo. El agua helada caló sus huesos mientras que perdía el aire de sus pulmones. Y hundiéndose en la desesperación creyó que perecería.

Un cántico suave que burbujeaba hacia él lo hizo abrir los ojos. La luz aguamarina rodeándolo iluminó el rostro de una bellísima y rara criatura. No era humana pero lo miraba con la curiosidad de un niño. Intentó reconocer en donde se encontraba, desorientado todavía por las vueltas que su mundo había dado segundos atrás ¿segundos? Tampoco reconocía el tiempo.
—¿Qué eres? —preguntó escuchándose extraño, como si su voz fuera aplastada por una presión inmensa.
—¿Qué eres tú? —respondió el canto de sus sueños, las palabras danzando en su pecho mientras comprendía que la criatura era quien hacía tal hipnótico sonido al hablar.

Y yo podría decirles que fue amor a primera melodía. El romance entre aquel ser y el humilde pescador fue dulce como los sueños de infancia. Sin embargo, se saboreaba efímero ante la eternidad de los astros.

En el atardecer de una playa segura, la criatura dejó al hombre a salvo en la arena, pero ninguno deseaba despedirse. La promesa muda de volver a encontrarse se tatuó en los corazones de ambos. Por largo años acudieron a esa misma playa simplemente para escucharse como nadie más podía hacerlo.
Y los días se volvían noches, y la primavera se convertía en invierno.
—Pronto no podré venir —exclamó el pescador mientras miraba las estrellas tendido sobre su barca, los cabellos blancos brillando con la luna— Tienes que ser fuerte, el día que eso sucede, vuelve a las profundidades del mar y continua tu longeva vida.
La petición a la criatura le pareció confusa. Recargada sobre el borde atravesaba la mirada de su amado con la intensidad de dos grandes, fulgurantes ojos azules.
—No quiero volver, a donde sea que vayas, llévame contigo —su voz fuera del agua vibraba como gotas de rocío en el aire.
—No puedo, pero te haré un regalo antes de partir.
Acunados por el suave vaivén de las olas compartieron un último encuentro, en sus labios sellaron el final de su historia. Un beso que sabía a sal y lágrimas. Un beso de despedida.

El hombre no volvió nunca más al mar aunque su salvador le esperó por siempre con el anhelo pendiendo de un hilo.
Le belleza de la criatura se marchitaba de tristeza. Cada nueva estación apagaba su esperanza. Era tal el dolor en su canto que los dioses se compadecieron de ella. No podían regresarle a quien ya no caminaba en ese mundo, solo podían ofrecerle una nueva vida. Y el ser salió del mar en dos piernas bendito con el fruto de su amor.

¡Que la muerte de paso a la vida! En el fin de todo inicio encuentra el camino. Y tu descendencia estará destinada a grandes historias.

Clamaron los dioses, pero amigos, nadie esta a salvo de las tragedias. Y este es solo el comienzo.

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